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martes, 21 de febrero de 2012

UN INFIERNO: UN MUNDO SIN GATOS


Que un mundo sin gatos sería un verdadero infierno, asegura en el cotidiano romano La Repubblica  el veterinario Alan Beck, no sólo porque  extrañaríamos la belleza que ponen en nuestras vidas esos magníficos animales, sino por las epidemias que traería aparejada la explosión de roedores y pequeños reptiles que se apoderarían del planeta.

Según el director del Centro de Investigaciones de las Relaciones Humano-Animales de la Universidad norteamericana de Purdue se trata de un escenario  preocupante, porque diversas variedades de la especie se hallan en vías de extinción y países como Bélgica se proponen esterilizar de aquí al 2016 a todos los gatos que habitan dentro de sus fronteras.
Quizás en el fondo de tal antipatía esté la creencia de que los gatos se alimentan principalmente de pequeñas aves, que es errada porque su dieta la constituyen animales que son dañinos para el hombre.
Un estudio realizado hace mucho tiempo en Gran Bretaña demostró que los gatos domésticos ingleses liquidaban anualmente unos 200 millones de animales entre ratas, ranas y serpientes, aparte del número impreciso de presas que no son consignadas a sus patrones sino abandonadas o devoradas por los eficaces cazadores.
Y otro, esta vez en Nueva Zelandia, comprobó que el número de ratas se cuadruplicó en una isla del archipiélago a raíz de la desaparición de los gatos y disminuyó el número de pájaros, cuyos huevos son el plato favorito de los roedores.
Con la conclusión obvia es que si de un día para otro desaparecieran los 220 millones de gatos domésticos del planeta, también escasearían los cisnes, los patos y los albatros que, como aquellos, se alimentan de pequeños roedores.
Una perspectiva espeluznante para estimular aún más nuestro afecto por el apacible compañero que ronronea sobre nuestro regazo, sobre todo al evocar los problemas emocionales que explotarían si careciésemos de la compañía de esas mascotas que, a pesar de la intimidad, jamás renuncian a su independencia y aumentan nuestra autoestima.
Sin olvidar de que una revista especializada ha confirma que las defensas contra las alergias se refuerzan en los niños por el contacto con un gato en el primer año de vida y que, según otra, tener un felino en casa contribuye a una existencia más sana y feliz, porque sus propietarios tienden a la extroversión y son menos temerosos de acercarse a las otras personas.
                                          
Gabriel Rumor
Toscana, febrero 2012.

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